En breve estarán circulando dos tomos editados en el marco de la Misión Ciencia en los cuales se
Como es fácil entender en este debate hay muchísimas derivaciones hacia campos que van bastante más lejos de los temas de la ciencia y la tecnología. No por casualidad se habla coloquialmente de una "Misión de misiones", es decir, una estrategia de acción que atraviesa sustantivamente los territorios de la cultura, de la educación, de los modelos económicos, de las parafernalias administrativas, y desde luego, el nudo vital de los paradigmas tradicionales de producción de conocimiento. Lo que está en juego es un debate de fondo sobre la naturaleza misma de la civilización burguesa que nos trajo hasta aquí. Un cuestionamiento explícito de las bases misma de ese modelo civilizatorio, de sus categorías fundantes, de sus claves de racionalidad, de sus valores y horizontes de sentido. Por eso el aspaviento de los mandarines. De allí los arrebatos histéricos de las viejas élites que saben de su agonística.
Los pesares y depresiones de la vieja élite intelectual vienen de muy lejos. La debacle de la Modernidad les tiene hace rato sumidos en la perplejidad. El colapso de los modelos cognitivos de la Modernidad no es una novedad venezolana. Es el colmo de la ignorancia no tener noticias de la crisis de la Modernidad que lleva décadas enterrando difuntos. Los dueños del poder hasta hace poco podían aferrarse a sus intereses y hacer como si todo marchara sobre ruedas. Lo nuevo es que esa "manguangua" se acabó. Ya no vale imponer por la fuerza sus viejos criterios. Llegó a su fin la impunidad de hacer pasar sus visiones del mundo en nombre de falacias "universales". La novedad es que en Venezuela ya no es posible escamotear la diversidad de experiencias y perspectivas en nombre de anacrónicas consagraciones como "la verdad", "la objetividad" y tantas otras argucias con las que se reproducían los modelos dominantes. Es justamente este desplazamiento brusco del mapa de actores y la modificación neta de las correlaciones de fuerza lo que en verdad irrita a los mandarines. No hay transparencia en el régimen argumentativo de la vieja élite porque de lo que se trata es de la defensa de sus intereses. No hay pertinencia de los alegatos más frecuentes porque la mezcla de arrogancia e ignorancia es un obstáculo insalvable para entablar cualquier debate que valga la pena.
Es muy curioso cómo aparecen apelaciones contra la "posmodernidad", por ejemplo, como si la discusión fuera efectivamente entre partidarios y adversarios de este género de referencias. Es casi cómico el modo como cierta derecha arremete contra Michel Foucault atribuyéndole la autoría de las políticas educativas del gobierno. Este tipo de ejercicio es enteramente banal. Revela sencillamente la tremenda dificultad que confronta la vieja élite para comprender lo que está pasando. Peor que eso: evidencia la patética realidad de una derecha intelectual que no puede pensar sin una cuota de poder que la engorde.
Curioso también resulta el caradurismo de esa misma derecha que pretende hacerse pasar como ardiente defensora de la universidad. Con una cortísima memoria esta vieja élite "olvida" que durante medio siglo fue cómplice activo de todos los desmanes de los gobiernos adeco-copeyanos contra las universidades venezolanas. Olvida esta vieja élite que fue siempre enemiga activa de cualquier iniciativa de transformación universitaria (así como son hoy los operadores visibles de un conservadurismo académico que da pena). Por mera casualidad son siempre las mismas caras. Por azares del destino son los mismos nombres que desvergonzadamente firmaban aquel emblemático remitido de "Intelectuales con el Presidente Carmona".
El debate que propiciamos debe hacerse cargo de todas las implicaciones de lo que se hace y se dice (incluidas las consecuencias políticas de estos planteamientos). El respeto por la diferencia y la valoración de la diversidad intelectual son condiciones inequívocas de ese debate.
Los disimulos y la alcahuetería no están incluidos. Atender la voz disidente y disponerse a un diálogo franco con posturas diversas es cosa diferente. En nombre del debate hay varios contrabandos que buscan dividendos politiqueros. Apelando a la discusión la vieja élite manipula y confunde deliberadamente. Sabemos distinguir una y otra cosa. Los libros que comentamos son un contundente ejemplo de lo que significa apostar por la diversidad intelectual y el respeto de las opiniones diferentes.
Quien quiera hacer negocio político en nombre del debate teórico sobre la Misión Ciencia tendrá el tratamiento que corresponde. Las ingenuidades están en otro lado. No dejaremos pasar el truco de confundir un argumento con lo que son simples contorsiones de la decadencia del espíritu. El debate sobre Misión Ciencia está abierto (como lo indica el título de los dos tomos aquí comentados). Ello quiere decir que las ideas están en movimiento, que el pensamiento no se detiene, que el diálogo produce siempre nuevos horizontes para quienes allí se involucran. Esa tónica dialogante ha estado en la base de la formulación y desarrollo de una política pública como la Misión Ciencia. De ello es un fiel testimonio este valioso compendio que ha sido publicado.
La Misión Ciencia no es recetario inocuo de medidas para que todo siga igual. De lo que se trata es provocar una mutación cultural en lo que corresponde al modo como se produce el conocimiento, en la manera como se enseña, en la forma como se gestiona, al modo como se articula con la gente en todas las esferas de la vida. Ello está convocando una suerte de revolución epistemológica que exige –al mismo tiempo-una sólida formulación paradigmática y una buena dosis de espíritu subversivo. Es de esta combinación de donde emergerá eso que el amigo Miguel Martínez denomina "La Nueva Ciencia". Es hacia allá por donde apunta todo cuanto hacemos hoy.
* Publicado en El Nacional, domingo 19 de noviembre de 2006.

